'Superwoke'
El lenguaje es campo de batalla.
¿Recuerdas la reacción histérica de ciertos grupos cuando se estrenó la adaptación de ‘Watchmen’ de Damon Lindelof? Dijeron que era “basura woke” y que destruía el espíritu de Rorschach, “la brújula moral de la historia”. También que la masacre de Tulsa del primer episodio era propaganda liberal. Lo más curioso es que se trata de un capítulo de la historia desconocido para muchos estadounidenses; algunos lo descubrieron viendo la serie y para otros fue solo un invento con agenda forzada.
No fue la primera ni la última campaña de review bombing y reacciones de este tipo. La cultura reaccionaria lleva años en la misma dinámica. Da igual si son superhéroes, dibujos animados o distopías: si hay una mujer, una minoría o un gesto de empatía, la reacción es la misma.
La víctima más reciente ha sido la película ‘Superman’, que se ha visto atacada antes de su estreno debido a unas declaraciones de James Gunn que medios de ultraderecha, como Fox News, están convirtiendo en munición para su guerra cultural.
“I mean, Superman is the story of America. An immigrant that came from other places and populated the country,” dijo el director en una entrevista en The Sunday Times. “But for me it is mostly a story that says basic human kindness is a value and is something we have lost."
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Lo que genera ansiedad y desazón no es la reacción en sí, que ya conocemos, sino pensar en lo que la desencadena. ¿Cómo puede ser que “bondad básica” y “empatía” se perciban como una amenaza? ¿Qué tipo de visión del mundo debes tener para que una historia sobre proteger a los débiles se te vuelva insoportable?
Toda obra de ficción que apueste por ser inclusiva, consciente de las desigualdades sociales e históricas, o diversa en su elenco, es calificada inmediatamente como propaganda barata. La cultura mainstream fue históricamente un espejo hecho a su medida: un discurso único, dentro de cuyos márgenes solo tenía cabida un color de piel, porque quienes tenían acceso a crear esas imágenes se representaban a sí mismos.
Ahora que ese espejo empieza a mostrar otras caras, ahora que esos márgenes se han ampliado, quienes habían crecido acostumbrados a verse solo a sí mismos en pantalla se sienten desplazados, y procesan cualquier asomo de diversidad como un ataque personal.
El guion es sencillo, fácilmente replicable en todo el mundo y, por ello, muy efectivo. Una de las estrategias más efectivas del poder conservador ha sido pervertir el lenguaje: reapropiarse de términos, vaciarlos de contenido y resignificarlos con connotaciones negativas para desactivar su potencia política, a veces ridiculizando, otras estigmatizando. Feminazi, Woke, Social Justice Warrior, memoria histórica, menas…
Han conseguido que se instale la narrativa de que la corrección política es el peor mal del siglo XXI. Esa misma narrativa que equipara la libertad de expresión con el derecho a decir cualquier barbaridad, porque pueden, y porque están amparados por ciertas figuras de poder.
Hoy, señalar un comentario racista o una actitud misógina se interpreta como censura. Reclamar representación se lee como imposición ideológica. Defender a alguien vulnerable se convierte en adoctrinamiento.

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Han conseguido que palabras como inclusión o diversidad suenen sucias. Han convertido la empatía en debilidad, han ridiculizado el respeto y asfixian la posibilidad de una conversación genuina.
La connotación que se le ha asignado a lo políticamente correcto es tan peyorativa que se ha transformado en un arma usada en nuestra contra. El lenguaje se ha convertido en campo de batalla.
Y nos están ganando, porque saben que el lenguaje es poder. Y porque gritan más.
🌈Somewhere over the rainbow
(cosas que me hacen feliz)
Para quitarte el mal sabor de boca te dejo con una cuenta de vídeos de recetas de cocina diferente. Te presento a Cedric y Edith, dos perretes adorables y muy educados, que esperan pacientemente mientras les preparan elaboradas recetas trampantojeras con ingredientes y marcas versión perruna que sustituyen aquellos que son peligrosos para ellos. Un festín.
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¡Feliz finde! 🍦







Molt d'acord amb el que dius. També diré, però, una cosa. Hollywood durant molts anys ha estat mastegant molt els missatges i discursos de l'audiovisual (a la televisió ho he notat molt) amb ànims de rectificar anys de prejudicis i discriminació o senzillament per sumar-se al que percebien com una 'moda' política (la progressista). Només cal veure el comportament de Disney, zero compromès, basat en adaptar-se al discurs que té més força als EUA (i sempre des d'un conservadurisme, fent menys del que sembla).
Com no són amants de la intel·ligència, han produït i exportat molts productes de missatges obvis, a la superfície: moltes vegades m'he sentit davant de 'tesis polítiques' i 'missatges' abans que d'històries. I, mentre entenc que l'art pot transmetre missatges a voluntat (o de manera inconscient), em molesta aquesta ganduleria, aquesta mandra de posar-ho tan a la superfície.
Ara l'onada reaccionària aprofita aquesta percepció de l'espectador que no han conreat necessàriament ells des del seu discurs feixistoide per transmetre el que volen: un estat de paranoia, de desconfiança, d'odi. No els intento justificar, que consti, sinó només contextualitzar l'audiovisual que s'ha creat els últims anys i la infantilització i explicitació dels guions que també han creat el camp de cultiu perfecte per a aquesta ofensiva.
Tens tota la raó en tot el que dius i jo no ho hauria pogut expressar millor, ni més clar ni amb més eloqüència. Gràcies per aportar l’altra cara de la moneda al meu text.