Mi principito
De vez en cuando me cruzo con alguien en internet diciendo que odia ‘El Principito’. A veces es un tuit, otras una story o un comentario en un podcast, pero siempre con el mismo tono, entre condescendiente y despectivo.
Nunca he entendido a qué se debe el desprecio. Llegué a pensar que la obra tenía una segunda lectura que yo no había sabido ver o que su autor había sido cancelado retroactivamente. Pero, por lo que dejan entrever los comentarios de su club de detractores parte del odio se debe a que lo citan como su favorito personas que han leído pocos libros o ninguno.
Si esa es la razón me parece de un elitismo despreciable.
La otra parte proviene del mismo cajón donde la vida almacena el aire de superioridad: cómo puede ser realmente el libro preferido de alguien si es tan ingenuo, tan obvio… tan básico.
Yo adoro ‘El Principito’. Fue mi libro favorito durante mi infancia y adolescencia junto con los cuentos de Oscar Wilde. Los leí decenas de veces. Me encantaban porque me hacían llorar.
Siempre ocupó un lugar especial para mí, pero en mi vida adulta nunca había vuelto a leerlo. En 2013, cuando murió mi gato Nico, mi gran compañero durante doce años, volví a sus páginas. Y lloré como nunca. El libro era el mismo pero yo estaba en duelo y ahora su historia dolía de verdad, porque Nico era mi rosa, mi zorro, mi principito.
“Lo esencial es invisible a los ojos”.
Y por eso hay quien no lo ve.




Cómo van a odiar a un libro que, justamente, es capaz de acercar a la literatura a gente que usualmente no se acerca? El esnobismo me tiene cansada. Aguante El principito.
A mí no me gusta 🤣🤣🤣. No sé qué le encontráis.
Eso sí, para gustos, los colores; hay gente a la que le gusta el reggaetón y tampoco lo entiendo...